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Diario Íntimo
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San Martín |
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| Rodolfo Terragno |
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Diario íntimo de San Martín es una obra que puede ser enriquecida por los lectores. Puede enviar su consulta o comentario completando el siguiente formulario:
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Medina Gregorio |
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¿Qué sucedió luego que San Martin desertara del ejército español? ¿Cuáles fueron las causas de esa decisión?
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En realidad, en 1811 San Martín no desertó del Ejército español. La Península estaba ocupada por Napoleón, quien había convertido a su hermano José en Rey de España e Indias. La resistencia española, refugiada en Cádiz y aliada a Gran Bretaña, temía que las fuerzas napoleónicas intentaran ocupar también las colonias americanas. Fue entonces cuando San Martín y otros “españoles nacidos en América” vinieron a defender estos países, donde –al igual que en España a partir de 1808— el pueblo se había organizado en juntas, que formalmente gobernaban en nombre de Fernando VII: el Rey cautivo. Luego Napoleón fue expulsado de España y Fernando se convirtió en monarca absoluto. Entonces se produjeron sendos enfrentamientos, allá y aquí. En la Península, los “liberales” libraron una guerra contra los “absolutistas”. En América, los “revolucionarios” libraron una guerra contra los “realistas”. |
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René Becker |
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“Si Bolivar y San Martín se ponen de acuerdo en Guayaquil sobre el futuro en la región, subordinando a Bolívar el ejército que nuestro José de San Martín había formado, ¿habían compartido ellos, previamente, reuniones o tenidas en esas logias a las que concurrían en Inglaterra u otro lugar? ¿Formaba ese final parte de un plan previo?
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San Martín y Bolívar se conocieron en Guayaquil. El encuentro se dio en circunstancias que no podían estar previstas: toda Sudamérica había sido liberada, pero los realistas aún ocupaban la mitad del territorio peruano y tenían allí una importante fuerza de combate.
La decisión de ambos próceres fue formar un ejército libertador unificado, a fin de terminar con la resistencia realista en Perú y culminar así la liberación de Sudamérica.
Bolívar no se convirtió el jefe del “ejército que nuestro José de San Martín había formado” sino de un gran ejército común, integrado por el ejército de San Martín y el del propio Bolívar (que era muy poderoso) .
Las fuerzas venezolanas habían librado 80 batallas, 19 de las cuales habían sido conducidas personalmente por Bolívar. El resultado había sido la liberación de Venezuela y Colombia, origen de la Gran Colombia, a la cual se sumó luego Ecuador. |
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Liliana Broggi |
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“¿Por qué San Martín quería, para el Perú, una monarquía constitucional con un rey europeo? ¿No había riesgos de quedar sometidos a un nuevo dueño? ¿Qué opinaba del sistema republicano?”
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En Europa había, a principios del siglo 19, dos tipos de monarquía:
a)Absoluta. El monarca lo era todo: jefe de gobierno, legislador y cabeza del poder judicial. Su autoridad provenía, supuestamente, de Dios (“derecho divino de los reyes”).
b)Constitucional. Aún existe (España, Reino Unido, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Noruega). “El Rey reina pero no gobierna”, según la expresión de Adolphe Thiers, quien fuera Primer Ministro de Francia. La soberanía nacional reside en el Parlamento, que elige un presidente de gobierno y debe ajustarse a los límites fijados por una Constitución nacional. La justicia es independiente. El Rey (o la Reina) tiene, con todo, una función importante: aunque no a título propio, sino expresando la voluntad del gobierno, representa a la nación en determinadas relaciones internacionales.
San Martín quería, para el Perú, una monarquía constitucional. El Rey debía jurar la Constitución que se dieran los peruanos; el gobierno sería ejercido por quien designara el Congreso; y la justicia sería independiente.
Si consideraba importante la figura de un Rey –y deseaba que fuera europeo— era porque eso podía operar como disuasivo de cualquier intento de reconquistar estos territorios. En 1821, los pueblos de América del Sur se habían autoproclamado independientes, pero su existencia no era reconocida por ninguna nación de la Tierra.
Como se explica en el libro, Fernando VII, con el apoyo de la Santa Alianza –promotora de las monarquías absolutas—tenía el propósito de recuperar América. San Martín pensaba, con razón, que ese propósito se vería frenado por la existencia de un Rey europeo en Perú, centro del imperio hispanoamericano.
No se propuso pedir a ningún país que designara un monarca, sino que ordenó hacer una oferta –a título individual— a un noble europeo, quien debería someterse a la Constitución peruana. El Rey, como en toda monarquía constitucional, no ejercería el gobierno.
Si se llama República a un sistema como el de Estados Unidos –más correctamente llamado presidencialista- San Martín no propició la adopción de la Constitución norteamericana.
Si se llama República a una sistema que respete la libertad y la voluntad popular, San Martín defendía esos valores. Su testamento político, al retirarse del Perú, dice: “Mis promesas para con los pueblos en los que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos”.
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Tomás Almirón |
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¿Quién fue el comerciante inglés que presenció el combate de San Lorenzo, el 3 febrero de 1813?
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Fue el escocés Juan Parish Robertson, que tenía entonces 23 años. Con el correr del tiempo, él y su hermano Guillermo integrarían el consorcio, formado por Bernardino Rivadavia, que negoció en 1824 el empréstito con la banca Baring Brothers. |
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Marcos Alarcón |
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¿Dónde se encontraron San Martín y Belgrano?
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Una pregunta similar fue respondida a Christian Lauría (ver en esta misma página) |
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Omar Frutos, Ailén Azul Lucero, Federico Jorge Iglesias, Milton Abud, Ailín Cerone, Camila Gianella, Belu Cairó, Verónica Duro, Luciana Colussi, Cristina Vargas y Graciela González. |
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Estos lectores –algunos de los cuales son estudiantes—preguntan por las ideas de San Martín, su plan continental, los países que se propuso liberar, sus acciones, las batallas que libró y sus logros.
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Este sitio fue concebido para responder a preguntas específicas, sobre todo acerca de la misión que cumplió San Martín en Gran Bretaña (1824). Sin embargo, queremos dar una orientación para estos lectores principiantes, que requieren datos biográficos básicos, así como para otros, que quieran estudiar más profundamente la vida del Libertador:
Para quienes estén en búsqueda de guías o referencias breves, sugerimos recurrir a los materiales que se ofrecen en este mismo sitio (ver menú a la derecha):
a. En Documentos se reproduce una carta de San Martín al Presidente del Perú, Gran Mariscal Ramón Castilla, fechada en 1848, en la cual el propio San Martín hace un breve resumen de su carrera.
b. En La Vida de San Martín (hasta 1824), se puede seguir su biografía, año por año.
c. En La Campaña del Ejército Libertador se pueden ver mapas de las batallas libradas.
d. En Enlaces, hay vínculos con otros sitios, donde hay mucho más material sobre la biografía de San Martín.
Para quienes quieran profundizar en la vida del héroe, recomendamos –aparte del propio Diario íntimo de San Martín—los libros que figuran en “Fuentes Generales”, dentro de Fuentes del Libro.
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Ailén Azul Lucero, Melanie Álvarez, Natalia Michelet, Jimena Peralta Tes, Andrea Ruso, David Díaz y Claudio Gil.. |
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Los lectores preguntan por las “máximas”, “carta” o “consejos” de San Martín a Merceditas; esto es, a las normas que él redactó para la educación de su hija. Andrea Ruso quiere saber, además, si esas normas eran sólo para Merceditas o San Martín las juzgaba útiles para la educación de cualquier niña o niño.
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Las “Máximas para mi hija” fueron escritas por San Martín en Bruselas, en 1825. Su texto es conocido pero vale repetirlo:
1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriendo la ventana para que saliese: “Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos”.
2. Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.
3. Inspirarle gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.
4. Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.
5. Respeto hacia la propiedad ajena.
6. Acostumbrarla a guardar un secreto.
7. Inspirarle sentimiento de respeto hacia todas las religiones.
8. Dulzura con los criados, pobres y viejos.
9. Que hable poco y lo preciso.
10. Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
11. Amar el aseo y desprecio al lujo.
12. Inspirarla amor por la Patria y por la Libertad.
Al parecer, San Martín improvisó estas máximas, y las enumeró sin jerarquizarlas. De lo contrario, no habría puesto como primer mandamiento la conmiseración por la mosca y, como último, el amor a la Patria y la Libertad.
En todo caso, queda clara su concepción ética. La compasión, la veracidad, el respeto, la caridad, la honradez, la reserva, la tolerancia, la cordialidad, la sobriedad, el formalismo, la sencillez y el patriotismo eran virtudes que debían ser cultivadas. Las máximas fueron escritas pensando en Merceditas, pero definen valores que San Martín creía necesarios en todas las personas.
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Gino Aramayo y Viviana Trinchero |
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“¿Qué fue la Logia Lautaro y que participación tuvo San Martín en en ella?” “¿En qué otras logias participó? ¿Qué significación tuvieron?”
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De la primera página de este sitio puede bajarse gratuitamente el libro Maitland & San Martín. Allí, a partir de las página 171, hay el más completo informe sobre el papel de la masonería y las logias pseudos-masónicas en el proceso emancipador americano
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Camila Morales |
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¿Cómo lo llamaban a San Martín?
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Fuera del Ejército, donde lo llamaban por su grado, muchos lo llamaban Don José. Su hermano, Justo, le decía Pepe.
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Darre Julieta |
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¿Cómo se llamaban los abuelos de San Martín?
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RESPUESTA: Los paternos, Andrés de San Martín y de la Riguera e Isidora Gómez; los maternos, Domingo Matorral y Gregoria del Ser.
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Pilar Boero |
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“Tengo información sobre Justo Rufino y María Elena, pero no sobre los otros dos hermanos de San Martín: Manuel Tadeo y Juan Fermín Rafael. ¿Podrían darme datos?
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Esos datos ya le fueron dados a la lectora Liliana Broggi (buscar en esta misma página).
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Yésica Vivas |
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¿Qué hizo San Martín en 1811?
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Hacer clic en La vida de San Martín (en la derecha de esta página) y luego en 1811. Se desplegará la información solicitada.
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Benjamín Valenzuela |
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¿Cuando regresó San Martín a la Argentina y cuáles fueron sus objetivos?
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Si la pregunta se refiere al regreso de San Martín a las Provincias Unidas, ocurrió en 1811. La España peninsular estaba ocupada por Napoleón y se temía que las fuerzas napoleónicas pasaran a América. Ante esto, las colonias de España en este continente, sintiéndose desprotegidas, habían adoptado gobiernos propios. San Martín vino a ofrecerse al de Buenos Aires.
Si la pregunta se refiere al regreso de 1828, se trató de una operación fallida, ya que San Martín no desembarcó. Su propósito era arreglar algunos asuntos personales, pero en el puerto de Buenos Aires supo, a través de un emisario que subió a entrevistarlo en el barco, que Lavalle había destituido a Dorrego. A través del emisario envió a Lavalle una carta rogándole que no fusilara al vencido; pero el antiguo subordinado ignoró el ruego de quien fuera su jefe. El Libertador, decepcionado ante el estado de anarquía y barbarie en el que se hallaba la Argentina, fue a desembarcar en Montevideo y poco después regresó a Europa.
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Sara Penayo y Maria Guillermina Pérez |
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Las lectoras se interesan por la infancia de San Martín. Al igual que Mabel Piris y Franco Parodi preguntan por sus juguetes, los juegos que practicaba y sus compañeros de juegos.
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Sobre los juegos y los juguetes de la época ya hemos dado respuesta a la lectora Florencia Leiva (buscarla en esta misma página).
No es mucho más lo que se puede agregar, ya que no hay ninguna fuente documental que permita conocer detalles de la infancia de San Martín. Sólo se sabe que en 1781 fue llevado por su madre a Buenos Aires; de modo que pasó sus primeros tres años en Yapeyú, y los dos siguientes en la capital del virreinato, antes de partir a fines de 1783 con su familia a España, vía Montevideo, en el buque Santa Balbina.
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Florencia Valderrama |
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¿Cómo estaba compuesta la Primera Junta al llegar San Martín al Río de la Plata?
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La Primera Junta rigió desde el 25 de mayo hasta el 18 de diciembre de 1810, cuando fue reemplazada por la Junta Grande. Ésta ejerció el poder hasta el 22 de septiembre de 1811, y al día siguiente asumió el primer Triunvirato. La Junta Grande subsistió como un teórico Poder Legislativo, bajo el nombre de Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, pero el Cabildo era mucho más importante que esta Junta.
El Triunvirato lo formaban Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Passo; pero su secretario, Bernardino Rivadavia, era el hombre de mayor influencia en ese gobierno.
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Graziella Campos |
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En el colegio nos piden que describamos cómo eran las escuelas en la época del General San Martin. No sé dónde hallar bibliografía al respecto. ¿Podría indicarnos algo al respecto? |
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Las Provincias Unidas tenían un territorio muy vasto, con una población escasa y diseminada. Había, además, pocos de maestros.
Esto hacía muy difícil la educación, salvo en las instituciones religiosas de las grandes ciudades.
Por eso tuvo muy buena acogida, en 1820, el cuáquero Diego Thomson, que llegó al Río de la Plata para promover el método de educación públicas ideado por Joseph Lancaster, con destino a los niños pobres.
Joseph Lancaster era un clérigo y educador escocés, que tenía la misma edad de San Martín. Siendo superintendente de un asilo de huérfanos en Madras (India), Lancaster había desarrollado un sistema para enseñar con pocos recursos, basado en los alumnos más avanzados, o “monitores”.
El método había sido perfeccionado luego en una escuela para niños pobres, en Londres. Los alumnos se reunían en un aula única, donde había un solo maestro, que hacía las veces de supervisor. Los “monitores” ayudaban a los niños menos formados, alfabetizándolos y ejercitándolos en aritmética. Una serie de premios –insignias, diplomas, medallas-- servían para estimular a tales “monitores”, que también iban aprendiendo o fijando conocimientos a medida que enseñaban.
La escuela se financiaba con donaciones de nobles y miembros del Parlamento.
Thompson trajo la idea a Sudamérica, y propuso que los gobiernos ayudaran a establecer escuelas “lancasterianas”.
Siendo San Martín Protector del Perú, mandó a llamar a Thomson, quien se encontraba en ese momento en Chile. El hombre llegó a Lima a fines de junio y, según contó él mismo más tarde, San Martín lo recibió dándole “un abrazo muy afectuoso”. Al despedirlo, le dijo le prometió: “Nada le faltará a usted, Mr. Thomson, para cumplir el cometido”.
Un día más tarde, San Martín se apareció en el alojamiento de Thomson para hablar sobre el sistema “lancasteriano” de educación. Al irse, citó al británico para el día siguiente en el Palacio.
Allí le presentó al Marqués de Torre Tagle, quien quedaría a cargo del Ejecutivo mientras San Martín se trasladaba a Guayaquil. También lo introdujo a cada uno de sus ministros, y ordenó que se tomaran las medidas necesarias para poner las escuelas “lancasterianas” en funcionamiento.
Por decreto de San Martín, publicado en la Gaceta Oficial el 6 de julio, se creó la Escuela Normal del Perú, y se designó a Thomson como su Director. Por eso el Día del Maestro es, en el Perú, el 6 de julio.
El decreto decía en sus fundamentos: “Sin la educación no hay sociedad”. |
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Liliana Broggi |
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En las páginas 150 y 151, el autor habla de Justo, "el hermano realista" de Don José de San Martín. Quisiera saber: ¿qué otros hermanos tuvo? ¿cuáles eran sus ideas políticas? ¿qué trato mantuvo con ellos?
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San Martín tuvo cuatro hermanos: María Elena y tres varones, que fueron todos militares.
• María Elena. Nació en la estancia Calera de las Vacas (actual República Oriental del Uruguay) el 18 de agosto de 1771. (José Pacífico Otero sostenía que, en verdad, era menor que el General; éste habría nacido en 1777 y María Elena en 1778). Desde que la familia volvió a la Península, María Elena vivió siempre en España, y falleció en Madrid en 1852. San Martín arrregló, en 1825, que su hermana se trasladara a Bruselas, a fin de que Merceditas conociera a la tía.
• Manuel Tadeo. Nació en Calera de las Vacas el 9 de noviembre de 1772. Ingresó en el regimiento de infantería de Valencia el 23 de septiembre de 1788. Hizo la Guerra de la Independencia (contra Napoleón) y llegó a coronel. Él y José se mantuvieron en contacto por correspondencia. Cuando el General regresó al país, después de dejar el Perú, recibió en Mendoza carta de Manuel Tadeo, “con quien estaba incomunicado desde hacía varios meses”. Por entonces, Manuel Tadeo estaba a cargo del gobierno militar de la fortaleza de Santa Isabel de los Pasajes, en San Sebastián. Para él, oficial del ejército español en la Península, la lucha entre americanos y realistas, en el Nuevo Mundo, era algo ajeno, que no podía empañar su relación fraterna con José. Manuel Tadeo murió en 1851.
• Juan Fermín Rafael. Nació en Calera de las Vacas, el 5 de febrero de 1774. Ingresó como cadete en el regimiento de infantería de Soria el mismo día que Manuel Tadeo lo hacía en Valencia: 23 de septiembre de 1788. Como su hermano José, peleó en Ceuta, estuvo en la retirada del Rosellón y participó de la batalla naval de 1797. Luego se fue a Filipinas, se casó en Manila y murió allá en 1822.
• Justo Rufino. Nació en Yapeyú, en 1776 (no se conoce la fecha exacta). En el libro se lo llama “realista” porque no fue un simple oficial carente de compromiso político con la causa real. Guardia de Corps, Justo Rufino perteneció, como dice el libro, al bando de los “serviles”, enemigos de los liberales. Sin embargo, retirado en 1821 del Ejército, cuando “mi Pepe” –como él llamaba a José de San Martín—regresó a Europa, corrió a abrazarse con su hermano.
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Liliana Broggi |
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Cuando el General San Martín vino a América, ¿vivían sus padres? ¿Qué opinaban, ellos, de sus ideas revolucionarias y de sus acciones libertadoras?
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Su padre, Juan de San Martín, había muerto el 4 de diciembre de 1796: quince años antes de que el General regresara a América.
La madre, Gregoria Matorras, falleció el 1° de junio de 1813, cuando su hijo recién iniciaba su acción libertadora. A ella no le llegó ni la noticia del combate de San Lorenzo, ocurrido apenas 53 días antes de su muerte.
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Jacquelina Lezcano |
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¿Cuál fue el proyecto de San Martín para asegurar la independencia del Río de la Plata? ¿De qué manera lo llevó a cabo? ¿Cuál fue el resultado de su campaña?
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San Martín procuró, ya en 1812, que las Provincias Unidas declarasen su independencia y sancionaran una Constitución. Como el Primer Triunvirato se oponía a ambas intenciones, él fue protagonista de un pronunciamiento militar que derivó en la constitución del Segundo Triunvirato.
Fue entonces cuando se convocó a la Asamblea del año XIII, que aprobó un estatuto, creó símbolos nacionales y estableció un sistema monetario. Luego, San Martín presionó –a través de los delegados de Cuyo—para que el Congreso de Tucumán declarase formalmente la independencia.
Al mismo, tiempo, él comprendió que la independencia de las Provincias Unidas no estaría segura si no se le arrancaba el Perú a la Corona. Lima era el centro del poder imperial hispano, y no era posible avanzar hacia ella a través del Alto Perú. A lo sumo, se podía contener el avance realista hacia el sur, tarea que San Martín confió a Martín Miguel de Güemes.
Él, por su parte, inició el Plan Continental, que lo llevaría por mar al Paracas, para dirigirse luego a Lima, donde declaró la independencia y se convirtió en el primer gobernante del Perú independiente.
La estrategia sanmartiniana consolidó la independencia de las Provincias Unidas.
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María Virginia Perrino |
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“Quisiera corroborar una frase del General San Martín, que según algunas fuentes data de 1819: ´Mi país es toda la América, y mi interés es igual por las Provincias Unidas y Chile´. ¿Es textual la frase? ¿Me podría precisar en que contexto fue dicha?”
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La frase es textual. La escribió San Martín en carta dirigida desde Mendoza, el 1° de abril de 1819, al chileno Joaquín Echeverría Larraín, Ministro del Interior y Relaciones Exteriores de O’Higgins.El gobierno de Buenos Aires pretendía que el Ejército de los Andes abandonara Chile y regresara a las Provincias Unidas para aplastar la insurrección federal de Santa Fe y Entre Ríos. San Martín se negó a esto, y la carta que dirigió a Echeverría tuvo por objeto informarle, por un lado, que el Ejército de los Andes no regresaría; y por otro, que él no desistía de la expedición al Perú, que juzgaba imprescindible para asegurar la independencia de toda la región. Antes de proclamar que su país es la América, subraya: “Opino con V. sobre obrar en estas circunstancias sobre Lima, y también creo que si el ejército de los Andes sale de Chile, ese estado y las Provincias Unidas se los lleva el diablo." |
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Florencia Leiva |
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“A mi hijo Nicolas y a mí nos interesa saber cuáles eran los juegos de San Martín cuando era niño, y si había juguetes. Estoy ayudándolo en una tarea de investigación para el jardín de infantes”.
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San Martín debió haber jugado a los mismos juegos que eran usuales entre los niños de su época:
- Saltar la “comba”. Se llamaba así a lo que luego se conoció aquí como saltar la “soga”. Un niño sujeta una cuerda de cada extremo y la hace girar de modo que pase debajo de sus pies y sobre sus cabeza. Como variante, la cuerda pueden hacerla girar otros dos niños, que sujetan cada uno un extremo.
- Correr el aro. El niño impulsa un aro, con la mano o con un palo, y lo corre. A media que el aro pierde velocidad, le da nuevos impulsos.
- Cazar mariposas. La redeña es una manga de red, sujeta en un aro de hierro y con un mango. Con ella, el niño caza mariposas.
- Hacer volar una cometa. La cometa, o barrilete, artefacto más pesado que el aire, vuela merced a la fuerza del viento. El niño, desde tierra, lo guía mediante hilos.
- Mecerse en el columpio. El columpio, o hamaca, es un asiento colgante. Pende de cadenas y el niño, agarrado de los costados, se impulsa a sí mismo o es empujado, balanceándose adelante y atrás.
- Tocar el tambor. La caja de resonancia es golpeada por el niño, para producir sonidos, con la mano o con un palo.
En cuanto a los juguetes de la época, eran de madera, a menudo tallados por un familiar. Consistían en la reproducción de animales (caballos, perros, gatos) o vehículos (carros, diligencias), montados sobre una plataforma y con ruedas. También había reproducciones de soldados y botes o embarcaciones mayores, que podían navegar en un estanque o laguna.
El velocípedo –antecesor de la bicicleta-- aún no había sido inventado.
Entre los juegos de mesa más populares (a los que San Martín pudo haber jugado en España, cuando ya tenía más de seis años) estaban el juego de la Oca y el Parchís o Ludo. |
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Leonardo Gómez |
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¿Cómo era el trato de San Martín con sus oficiales?
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Nadie debía esperar, de San Martín, actos arbitrarios o exabruptos. Su disciplina era muy rigurosa, pero objetiva y basada en reglas muy claras.
El Código de Honor que dictó para los Granaderos a Caballo muestra que –además del respeto de la línea de mando y la fiel ejecución de las órdenes— San Martín exigía a sus hombres una conducta intachable, que sirviera de ejemplo a los civiles.
Ese reglamento estableció 14 “delitos” por los cuales un oficial sería “arrojado” (expulsado) del cuerpo:
1. Por cobardía en acción de guerra, en la que aún agachar la cabeza será reputado tal.
2. Por no admitir un desafío, sea justo o injusto.
3. Por no exigir satisfacción cuando se halle insultado.
4. Por no defender a todo trance el honor del cuerpo cuando lo ultrajen a su presencia o sepa ha sido ultrajado en otra parte.
5. Por trampas infames como de artesanos [sic].
6. Por falta de integridad en el manejo de intereses, como no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella.
7. Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros cuerpos.
8. Por publicar las disposiciones internas de la oficialidad [adoptadas] en sus juntas secretas.
9. Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados.
10. Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella.
11. Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro, pudiendo [hacerlo].
12. Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas.
13. Por concurrir a casas de juego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes.
14. Por hacer un uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor del cuerpo. |
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Yohana Jacod |
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¿Cuál era la posición de San Martín respecto de la independencia?
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Como se explica en Diario íntimo de San Martín, desde su llegada al Río de la Plata él reclamó que el antiguo virreinato se declarase independiente y se diera una Constitución.
Él había salido de Cádiz rumbo a Buenos Aires –previo paso por Londres-- cuando Napoleón tenía ocupada casi toda la Península y amenazaba con pasar a América.
San Martín juzgaba que, para afrontar cualquier contingencia, hacía falta una administración propia, un sistema monetario propio y un ejército propio. Creía, además, como los liberales españoles, que si algún día Fernando VII volvía al trono, debería jurar la Constitución de España (sancionada en la Isla de León en 1812, cuando San Martín ya estaba aquí) y, en el caso de las colonias hispanoamericanas, las constituciones que se dieran los nuevos estados. Él no se oponía a una monarquía constitucional, en la que el rey reinase pero no gobernara; al contrario, creía que podía afianzar a los países nacientes, sin afectar su autonomía. Forzando la comparación, podemos decir que San Martín no se habría opuesto a un status similar al que hoy tienen Australia o Canadá: países independientes cuya Jefa de Estados es, nominalmente, la reina de otro país; en este caso, Inglaterra.
Como parte de la Logia Lautaro, San Martín tuvo un papel protagónico en el desplazamiento del Primer Triunvirato –manejado desde las sombras por Bernardino Rivadavia-- que se oponía a la declaración de la independencia y a una constitución.
Influyó luego en la convocatoria a la Asamblea del año XIII, donde no se alcanzó el número para declarar la independencia, pero se avanzó hacia ella creando un sistema monetario, adoptando símbolos nacionales (escarapela, himno) y redactando un Estatuto.
Reunido en 1816 el Congreso de Tucumán, San Martín urgió a los representantes de Cuyo (Narciso de Laprida, Tomás Godoy Cruz) para que se declarase la independencia sin demora. Sólo logrado ese propósito inició el Libertador su marcha a Chile.
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Lorena Sari |
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“Un libro de 1956, editado por Billiken, menciona que Mercedes tuvo su hija mayor en Buenos Aires y a la menor en Francia. Querría tener información sobre esa etapa de la vida de Mercedes, la de su boda, y los nacimientos de sus hijas. También en ese libro se dice que Josefa se casó con un mexicano, pero no se aclara si tuvo hijos”.
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El libro a que usted se refiere es El abuelo inmortal, del gran escritor cordobés Arturo Capdevila. Es una versión novelada acerca de la vida de San Martín en Francia (1830-1850). La editó la Editorial Atlántida en la Colección Billiken (primera edición, 1946).
Los datos citados por usted son correctos. Le ofrezco, en forma cronológica, la información adicional que solicita:
13 de septiembre de 1832: Merceditas se casa, en Francia, con Mariano Balcarce. (Ya no se la conocía como Merceditas sino como Mercedes, y su padre le decía “la mendocina”, pero aquí la llamo Merceditas para evitar la confusión con su hija). La boda se festeja en el restaurante Chez Grignon. Días después, la pareja emprende viaje hacia Buenos Aires, donde permanecerá un par años. San Martín queda solo con su criado, el indiecito Eusebio Soto.
24 de marzo de 1833: Merceditas y Mariano llegan a Buenos Aires.
14 de octubre de 1833: Nace en Buenos Aires la primera hija del matrimonio: María Mercedes (llamada así en honor de su abuela, María de los Remedios, y su madre, Mercedes).
1832-1833: Con la ayuda del banquero Alejandro Aguado, San Martín adquiere en subasta judicial un edificio en París (1, rue Neuve de Saint George; 14.000 francos) y la casa de campo Gran Bourg (Évry, al sur de París; 13.500 francos). Vivirá en la capital francesa durante el invierno (noviembre a abril) y en Gran Bourg durante el verano (mayo a octubre). Hasta ahora, San Martín residió con Merceditas y Eusebio en una casa alquilada, en la rue de Provence, París.
Junio de 1836: Mariano y Merceditas (embarazada de ocho meses) están de regreso en Francia. Se instalan en Gran Bourg. San Martín conoce a su nieta, María Mercedes, de 2 años y 8 meses.
14 de julio de 1836: Nace en Grand Bourg Josefa Dominga (Pepita; más tarde Pepa), llamada así en honor de su abuelo. Es la segunda y será la última hija de la pareja.
23 y 24 de febrero 1848: Estalla una revolución en París. La muchedumbre construye barricadas, asalta negocios y quema edificios públicos. En el Boulevard de los Capuchinos, el Ejército dispara contra la multitud y mata a 65 manifestantes. La Guardia Nacional, en cambio, se pasa al bando revolucionario. El rey, Luis Felipe, huye a Inglaterra. Frente a la incertidumbre que sigue a la revuelta, San Martín decide proteger a su familia, trasladándose a Boulogne-sur-mer, sobre el Canal de la Mancha, cerca de Inglaterra. Alquila el segundo y el tercer piso de un casa en 113, Grande Rue, propiedad del abogado Alfred Gérard, director de la Biblioteca Pública de la ciudad.
1849: Balcarce vende la casa de Grand Bourg.
17 de agosto de 1850: Muere San Martín en Boulogne-sur-mer. María Mercedes está por cumplir 17 años; Pepita tiene 14. El cuerpo del Libertador es embalsamado y se lo deposita en la cripta de la catedral de Nuestra Señora de Boulogne.
1854: Mariano y Merceditas adquieren el castillo de Brunoy (Le petit chateau), cerca de Grand Bourg. Había pertenecido a Luis XVIII, cuando éste era Conde de Provenza. El matrimonio y sus dos hijas se establecen en la mansión.
1860: Muere María Mercedes, sin dejar descendencia. Su cuerpo es llevado al panteón Mariano había hecho construir en el cementerio de Brunoy.
1860: Pepa se casa con el diplomático mexicano Fernando Gutiérrez de Estrada.
21 de noviembre de 1861: Los restos de San Martín son trasladados al panteón familiar de Brunoy.
18 de mayo de 1863: El Presidente Bartolomé Mitre designa a Mariano como “enviado extraordinario y ministro plenipotenciario” de la República Argentina, encargado de negociar con España la actualización de un tratado que había firmado la ex Confederación (1835-1860).
28 de febrero de 1875: Muere Merceditas en el castillo de Brunoy. No deja descendencia.
1880: Los restos de San Martín son trasladados a Buenos Aires.
20 de febrero de 1885: Muere Mariano en el castillo de Brunoy.
8 de octubre de 1886: Pepa le envía a Mitre, con destino a su Historia de San Martín y la Emancipación Americana, cartas, papeles, mapas y proclamas de su abuelo. Es documentación clasificada por su extinto padre, Mariano, quien antes de morir ya había remitido a Mitre un lote de documentos.
30 de mayo de 1899: Pepa dona las pertenencias de San Martín al Museo Histórico Nacional: “En vista de todos estos patrióticos empeños que tanto honran la memoria de mi venerado abuelo, he decidido -prescindiendo de mis sentimientos íntimos- donar desde ahora al Museo Histórico Nacional todos los muebles de mi abuelo, que conservaba yo religiosamente, en el mismo orden que guardaban en su cuarto en vida de él”. Los remite con un listado y un croquis del dormitorio del General den Boulogne-sur-mer. Eso permitirá reconstruir el ambiente (que aún se puede contemplar en el Museo).
29 de noviembre de 1904: Pepa enviuda. Poco después establece una obra de caridad: la Fondation Balcarce et Gutiérrez de Estrada, que aún existe (28, avenue de Bellevue, Brunoy). La hija de San Martín da albergue y comida a indigentes. Instala, además, un dispensario.
1914-1918: Durante la I Guerra Mundial, Pepa convierte el castillo de Brunoy en un hospital de campaña. Asiste a los soldados franceses pero –cuando los alemanes avanzan hasta 70 kilómetros del sur de París-- también recibe a heridos alemanes.
1919: Por su labor humanitaria, Pepa recibe una condecoración de la Cruz Roja (Croix-Rouge Française). Después, la República Francesa le otorga la Legión de Honor (Légion d'Honneur) en grado militar. Esta condecoración, establecida por Napoleón, es la más alta distinción que otorga Francia.
1920: Pepa, de 84 años, hace su testamento. Dona todos sus bienes en la República Argentina al Patronato de la Infancia.
15 de abril de 1924: Muere Pepa, en Bunoy. Como su hermana mayor, no deja descendencia.
Actualidad:
Los restos del Libertador se encuentran en la Catedral metropolitana.
Los de Merceditas, Mariano y la mayor de las hijas de ambos, María Mercedes, en Mendoza (Basílica de San Francisco, Av. España y Necochea, frente a la Plaza San Martín). Allí se venera una imagen la Virgen del Carmen, patrona del Ejército de los Andes, y el bastón de mando que San Martín le ofrendó. Estas reliquias fueron rescatadas de las ruinas de San Francisco, ubicada en una zona que fue desvastada por el terremoto de 1861. La basílica ha sido declarada Monumento Histórico Nacional.
Pepa y su esposo descansan en Brunoy.
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Roberto Elissalde |
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El lector pregunta si no es errado decir que Remedio de Escalada permaneció en Mendoza “hasta principios de principios de 1819, cuando atacada por la tisis debió regresar a Buenos Aires”. |
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Sería errado si se interpretara que la esposa de San Martín vivió ininterrumpidamente en Mendoza desde fines de 1814.
Como recuerda el lector, ella volvió con sus padres en 1817, “apenas San Martín partió para Chile”, y “estaba en Buenos Aires cuando él regresó, después de Chacabuco”.
Sin embargo, Remedios se trasladó otra vez a Mendoza el 4 de julio de 1818 y permaneció allá hasta que, atacada por la tesis, fue traída a Buenos Aires el 24 de marzo de 1819. La acompañaron su hermano, el teniente coronel Mariano de Escalada y su sobrina Encarnación Demaría. |
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Luis Zalucki |
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El lector pregunta si no es erróneo afirmar (página 119) que Diego Paroissien fue el primer extranjero nacionalizado. “¿No fue Roberto Billinghurst, a quien se le otorgó carta de ciudadania el 29 de noviembre de 1811?"
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No, no fue Billinghurst, pero se entiende perfectamente que el lector crea eso.
La primera carta de ciudadanía fue otorgada por el Primer Triunvirato a Paroissien el 25 de noviembre de 1811. Cuatro días más tarde, el cuerpo también declaró ciudadano a Billinghurst.
En algunos libros de Historia se afirma que Billinghurst (o Billenghurst, como decía la resolución del Triunvirato) fue el primer extranjero nacionalizado.
El origen del error es el que quedó registrado, el 3 de diciembre de 1811 en los Libros Capitulares del Cabildo:
“Con fecha 30 de noviembre se recibió un oficio del Superior Gobierno, en el que acompaña el título de ciudadanía que se ha servido expedir a favor de don Roberto Billinghurst por su distinguido mérito y circunstancias que le adornan, haciéndose expresión en el mismo oficio de que en 25 del mes pasado se había librado otro título de igual tenor a favor del inglés don Diego Paroissien, médico del ejército auxiliar del [Alto] Perú, a quien fue dirigido en el inmediato correo, sin que la premura de tiempo hubiese permitido pasarlo a este Ayuntamiento”. |
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Malena Capriotti |
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¿Cuál fue la excusa que dio el General San Martín al ejército español para pedir su baja en 1811?
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La pidió, “con el uso de uniforme de retirado”, y “fuero militar”, para dirigirse “a la ciudad de Lima con objeto de arreglar sus intereses”.
Dicho retiro le fue concedido por real decreto de la Regencia, fechado en la isla de León (a la cual estaba reducida España por acción de las fuerzas ocupantes de Napoleón) el 6 de septiembre de 1811.
Ese decreto le fue notificado al Virrey del Perú.
Como el propio San Martín lo explicara años más tarde: “En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar”.
La lucha sería contra Napoleón –si proseguía su marcha, tratando de apoderarse de las colonias españolas del Nuevo Mundo-- o contra los Virreyes, si se negaban a reconocer las Juntas que, en América como en la Península, habían comenzado a formarse.
A mi juicio, la mención de Lima no es incidental. Se podría pensar que San Martín ocultó que vendría a las Provincias Unidas porque éstas se hallaban en rebeldía, mientras que el Virreinato del Perú no parecía estar amenazado.
No creo eso. Como lo expliqué en mi libro Maitland & San Martín, es mi convicción que el plan sanmartiniano contempló, desde el principio, la independencia del Perú, como requisito indispensable para asegurar la de Sudamérica. |
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Tomás Alonso |
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¿Cuáles fueron las consecuencias de la guerra con Brasil en 1824? |
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Lo guerra con el Imperio Brasileño, que se extendió hasta 1828, tuvo una finalidad: saber quién se quedaría con la Banda Oriental.
Desde 1816, los brasileños habían tratado de anexarse dicho territorio. Lograron su propósito en 1821, luego de derrotar a los hombres de Gervasio José de Artigas en la batalla de Tacuarembó. La Banda Oriental se convirtió entonces en la Provincia Cisplatina del Imperio.
Los patriotas del actual Uruguay no se resignaban a tal anexión.
En 1824, Juan Antonio Lavalleja y los Treinta y Tres Orientales partieron de San Isidro, Buenos Aires, para llegar a la Banda Oriental y, poco después –con el apoyo de la mayoría de sus paisanos—tomar control del territorio. El 25 de agosto de 1825 un Congreso proclamó la independencia de la provincia, y en el mismo acto se resolvió pedir su unión a las otras provincias del Río de la Plata.
En Buenos Aires, el Congreso General aceptó el 25 de octubre de 1825 la incorporación de la Banda Oriental, lo cual movió al emperador Pedro I a declarar la guerra contra las Provincias Unidas. Éstas se hallaban en inferioridad de condiciones, ya que no tenían una escuadra adecuada para enfrentar a la del Imperio.
El irlandés Guillermo Brown, al servicio de las Provincias Unidas, logró armar una flota y obtener importantes victorias como la de Combate de los Pozos (frente a la ciudad de Buenos Aires; 1826) y Juncal (frente a la isla de Juncal, en el Río Uruguay; 1827). Las fuerzas argentinas también derrotaron a las imperiales en una excursión que éstas realizaron a Carmen de Patagones.
No todas fueron victorias. La más importante de las derrotas navales argentina fue la de Monte Santiago (frente a Ensenada; 1827).
La guerra, sin embargo, se decidió en tierra. Fue en febrero de 1827. El día 13, Juan Lavalle triunfó en Bacacay (actual Uruguay); el 16, Lucio N. Mansilla lo hizo en Ombú (actual Uruguay); y el 20 Carlos María de Alvear obtuvo el triunfo decisivo en Ituzaingó (Rosário do Sul, actual Brasil). Pese a tener un ejército superior en número, los imperiales fueron derrotados y debieron emprender la retirada.
Brasil ya no controlaba la Banda Oriental, e Ituzaingó marcó el fin de la guerra, con un resultado desfavorable para las tropas imperiales. Estaban dadas las condiciones para la paz.
El Presidente Bernardino Rivadavia envió a Manuel García a que la negociara en Río de Janeiro.
El enviado, inexplicablemente, suscribió un tratado por el cual las Provincias Unidas reconocían que la Banda Oriental pertenecía al Imperio y se obligaban a pagar indemnizaciones de guerra.
Eso provocó una acalorada reacción en Buenos Aires, donde no se aceptó que las Provincias Unidas perdieran en la mesa de negociaciones lo que habían ganado en los campos de batalla.
El tratado no fue ratificado y Rivadavia sostuvo que García se había excedido en su mandato. Eso no salvó su gobierno: movido por el descontento popular, Rivadavia renunció el 27 de junio de 1827.
Pero la guerra no sólo puso fin a la presidencia de Rivadavia sino al Estado nacional, creado por la Constitución de 1826, que aquel presidía. Al renunciar, Rivadavia entregó el mando a Vicente López y Planes, pero pronto el Congreso se disolvió, y la provincia de Buenos Aires recuperó su autonomía. Manuel Dorrego fue, entonces, electo gobernador.
Hay razones para creer que García no fue un enviado desleal sino que – aun cuando se haya sobrepasado—respondió básicamente a instrucciones de Rivadavia. Es lo que puede inferirse de estos antecedentes:
- Rivadavia nunca mostró excesivo interés por la Banda Oriental. En 1811, el Primer Triunvirato promovió, por su iniciativa, un armisticio con Francisco Javier de Elío, el “virrey” nombrado por la Junta de Cádiz, que desconocía a las Provincias Unidas. Mediante tal armisticio, se entregaba a los realistas la Banda Oriental, Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay.
- A García no lo desvelaba la soberanía sobre la Banda Oriental ni, para el caso, la soberanía nacional. En las Asamblea del año XIII se opuso a la declaración de la independencia, y a que las Provincias Unidas tuvieran su propia Constitución.
- En 1815, enviado por Alvear (entonces Director Supremo) se dirigía a Londres para solicitar del Primer Ministro que las Provincias Unidas fuesen incorporadas a Gran Bretaña. Al pasar por Río, el enviado recibió el consejo de no llevar a cabo su misión: se lo dio nada menos que Percy Smythe, Vizconde Strangford, Embajador británico ante la corte portuguesa de Brasil.
- Más tarde, García pidió al Directorio que se autorizara a las fuerzas portuguesas a invadir la Banda Oriental, para terminar con la “anarquía” en la que Artigas tenía sumido a ese territorio.
- Rivadavia era, en 1821, Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de la Provincia de Buenos Aires. Fue entonces cuando el Imperio invadió la Banda Oriental y creó la Provincia Cisplatina. Pero Rivadavia no hizo nada hasta tres años más tarde, cuando el oriental Lavalleja lideró la insurrección y logró que la Banda Oriental se uniera a las Provincias Unidas.
- Ese año, Rivadavia renunció como ministro de Martín Rodríguez y fue enviado a Londres. Quien lo envió fue el entonces Ministro de Hacienda, que no era otro que García. El propósito era lograr –entre otras cosas-- la mediación británica ante Brasil, a fin de evitar una guerra que se juzgaba inminente.
- Es significativo que, después del triunfo de la fuerzas argentinas en Ituzaingó, Rivadavia haya decidido que la paz debía negociarse en Río de Janeiro, con Gran Bretaña como mediadora, y que haya elegido para ello nada menos que a García.
El representante británico en esas negociaciones fue Lord John Ponsonby, quien defendió la teoría del buffer: parachoques o tapón. Esto significaba conceder la independencia plena a la Banda Oriental para que, no siendo ésta brasileña ni argentina, se restableciera la paz en la región, se impidiera el gigantismo de Brasil o de las Provincias Unidas y se consolidara el comercio británico.
Ese fue el acuerdo final: la Banda Oriental se convirtió en el Estado Oriental del Uruguay, independiente de las Provincias Unidas y de Brasil.
Lord Ponsonby escribió a su gobierno: “Los orientales no tendrán marina por mucho tiempo y no podrán impedir el comercio británico”.
Pero Dorrego no tuvo más alternativa que suscribir ese acuerdo, que por lo menos no le entregaba la Banda Oriental a Brasil, como habían intentado hacer Rivadavia y García.
No obstante, Juan Lavalle –uno de los comandantes de Ituzaingó—interpretó que Dorrego había incurrido en traición. Lo derrocó y lo hizo ejecutar: fue el inicio de la guerra civil entre unitarios y federales.
De modo que las consecuencias de la Guerra del Brasil fueron:
1. La pérdida de la Banda Oriental.
2. La caída de Rivadavia.
3. El fin del gobierno nacional.
4. El ascenso, derrocamiento y ejecución de Dorrego.
5. El inicio de la guerra civil.
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Carlos Leoni |
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¿San Martín era o no masón? |
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En 1980, el Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra me comunicó por escrito:
La Logia Lautaro no fue una logia masónica sino una sociedad política secreta. Es posible que haya adoptado algún rito o formas pseudomasónicas, pero la masonería regular no tuvo conexión con la Logia Lautaro y no habría respaldado a esa organización ni sus actividades.
Agregó el funcionario masón:
Uno de mis predecesores en este cargo, John Heron Lepper, quien fue un lingüista del castellano y una autoridad en asuntos sudamericanos, dejó escrito que, habiendo investigado aquí cada uno de los registros donde podría haber referencias a algún miembro conocido de la Logia Lautaro, no encontró absolutamente ninguna prueba que permitiera conectar a alguno de ellos con la masonería regular inglesa.
Me sorprendió comprobar, poco después, que dicho funcionario no había citado fielmente a su predecesor. Descubrí, en efecto, que Lepper había escrito en 1951:
Dónde y cuándo aquellos hombres fueron iniciados en la masonería es un misterio, excepto en el caso de Bolívar, de cuya iniciación en París hay fuertes indicios. Mitos y leyendas han corrido con respecto a los otros famosos líderes latinoamericanos. Yo he investigado sin éxito cada uno de los registros del free hall [sede de la gran logia] donde podría haber referencias a algún miembro conocido de la Logia Lautaro. No obstante, nada es más cierto, en mi opinión, que todos ellos fueron masones, aunque se cuidaron bien de no proclamar conexiones con la masonería. Es posible, y aun probable, que el primer grado de la Logia Lautaro haya sido puramente masónico y los grados subsiguientes enteramente políticos.
Como se aprecia, las dos versiones difieren. Si en algo coinciden es en la ausencia de toda referencia a San Martín en los registros masónicos de Londres.
El dato importa porque los registros de las dos grandes logias inglesas –unificadas en 1813 para formar la actual Gran Logia Unida de Inglaterra– están totalmente indexados. Si alguien no figura en esos registros es porque nunca fue miembro de la masonería inglesa: así me lo comunicó J.M. Hamill, Segundo Bibliotecario de la Gran Logia, el 13 de noviembre de 1981.
Está claro, por lo tanto, que San Martín no perteneció a la masonería de Inglaterra.
Tampoco hay registros de su iniciación en logias regulares de otros países, como ocurre en el caso de Bolívar, quien fue admitido el 27 de diciembre de 1805 en la rama francesa de la logia escocesa St. Andrews ( “Rble. L. ... Écossaise de St. Alexandre” ).
Hay, de todos modos, vínculos significativos entre San Martín y la masonería.
El hombre que lo ayudó a salir de España (donde ambos combatían contra Napoleón) para ir a Londres y, de allí, partir rumbo a Sudamérica, era un masón destacado. James Duff (luego Lord Fife) había sido admitido a la masonería en la Logia St Andrews N° 52, en Banff, el 28 de enero de 1802. Así pude comprobarlo en la propia logia, donde fui asistido en mi investigación, en 1982, por el Secretario General, George D. Hipburn.
En 1814, Fife, quien ya había regresado de España, fue designado Gran Maestre Encargado de la Gran Logia de Escocia, Edimburgo, cuyo Gran Maestre era nada menos que el Príncipe Regente, futuro Rey Jorge IV.
En 1821, una vez convertido en Protector del Perú. San Martín envió a Juan García del Río y Diego Paroissien como delegados personales a Londres. Debían ofrecer la corona del Perú a Leopoldo, Príncipe de Sajonia-Coburgo, viudo de la Princesa Charlotte, hija de Jorge IV; o al Duque de Sussex, hermano del Rey y Gran Maestre de la Gran Logia Unida de Inglaterra.
La misión no llegó a concretarse, pero cabe destacar que, en 1830, Leopoldo se convirtió en el primer rey de los belgas y fundó entonces la franc-masonería de Bélgica.
Fue en Bruselas donde, en 1827, la logia masónica La La Parfaite Amitié (La Perfecta Amistad), acuñó una medalla con la imagen de San Martín.
Esa medalla parece acreditar fehacientemente la vinculación de San Martín con dicha logia.
Un historiador español creyó encontrar, por su lado, indicios de la participación de San Martín en otra sociedad masónica, Amis du Commerce (Amigos del Comercio). En efecto, Augusto Barcia Trelles conjeturó que el Libertador se refirió a ella en una carta dirigida el 16 de octubre de 1827 al General Guillermo Miller. En dicha carta, escrita en respuesta a una de Miller, San Martín le reprocha a su amigo que le escriba en inglés (idioma que el Libertador nunca dominó) y, para peor, con mala letra. Cuenta San Martín que pidió el auxilio de “un mayor inglés que concurre a la Sociedad de Comercio” , con el fin de obtener una traducción, pero hasta el mayor se vio “en apuros” para descifrar la tortuosa caligrafía de Miller.
El lugar al que concurría ese mayor inglés era, casi con seguridad, una logia; pero no necesariamente la Amis du Commerce. Al referirse a las logias, fueran masónicas o pseudomasónicas, San Martín usaba siempre un circunloquio, que bien podría ser “sociedad de comercio” . En otras cartas habla del “establecimiento de educación” o de la escuela “de matemáticas” . No obstante, a veces comete la imprudencia de usar el símbolo H ... (hermano). El 9 de octubre de 1816 Pueyrredón le aconseja: “Omita usted siempre en sus cartas la letra H con la que acostumbra concluir; basta un: pour éviter qu´une surprise donne lieu à des soupçons” (para evitar que una sorpresa de lugar a sospechas; Pueyrredón lo escribe en francés).
Con respecto a las logias pseudo-masónicas, puede asegurarse que, en 1811, San Martín participó en Londres en sesiones de la Gran Reunión Americana, que había sido fundada por Francisco de Miranda y que se reunía en la casa de éste, 28 Grafton Street, aunque Miranda ya estaba en América. Las reuniones eran organizadas por Andrés Bello y Luis López Méndez. Allí, el futuro Libertador fue promovido al quinto grado. Esto lo confirmó Zapiola, en nota a Bartolomé Mitre:
En Londres asistí a la Sociedad establecida en la casa de los Diputados de Venezuela [Grafton Street]. Allí fui ascendido al 5° [grado] como lo fue el General San Martín. Ésta estaba relacionada con la de Cádiz y otras. Yo he creído que el General Bolívar ha sido el fundador de la Sociedad, o ha tenido una parte en su fundación. En Londres conocí al Diputado de Caracas [López] Méndez y al Secretario Bello, a [...] Manuel Moreno y otros más.
Todos ellos participaban en los “trabajos”, como llamaban a sus reuniones, encaminadas a encontrar los modos de establecer gobiernos soberanos en Hispanoamérica.
Cada uno había jurado, en la ceremonia de iniciación, “no reconocer por gobierno legítimo de las Américas sino a aquel que fuese elegido por la libre y espontánea voluntad de los pueblos, y trabajar por la fundación del sistema republicano”, entendiendo por tal, el opuesto a la monarquía absoluta.
Sobre la Logia Lautaro, el documento más antiguo y detallado es uno redactado por Vicente Anastasio Echeverría, secretario de la Asamblea del año XIII, cuyo archivo fue entregado, a su muerte, a Mitre. Dice:
Que de 55 miembros que formaban parte [de la logia] en aquella época [¿1813?], 4 fueron fundadores, a saber: San Martín, Alvear, [Ramón Eduardo de] Anchoris y Zapiola;
Que de ellos, 24 eran del partido personal de Alvear y 13 de San Martín;
Que 3 formaban parte del Poder Ejecutivo y 26 de la Asamblea Constituyente del año XIII;
Que, por último, 7 de los logistas de Buenos Aires habían formado parte de las logias Cádiz y Londres, a saber: San Martín, Alvear, Guido, [Prudencio] Murguiondo, [Pablo] Zufriátegui, Malther y Anchoris.
Los nuevos miembros eran admitidos “de acuerdo con el ritual de las logias masónicas”. En los grados superiores se los iniciaba “en los más elevados propósitos de la sociedad”, tras la cual se “escondía la Logia Matriz”, poseedora del “poder supremo”. La Matriz estaba en Londres.
Todo indica, por lo tanto, que San Martín perteneció al menos a logias pseudomasónicas.
Eran entidades que luchaban contra el absolutismo monárquico y se amparaban en el secreto, tanto para evitar las persecuciones como para conspirar eficazmente.
Sus participantes no creían que esas logias fueran incompatibles con la fe, ya que la masonería aceptaba todos los credos y su única restricción consistía en no admitir a los ateos: aquellos que negaban la existencia de Dios, “supremo arquitecto del cielo y de la Tierra”. |
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Christian Lauría |
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Página 113. El lector anota que, “si bien es cierto que el encuentro de San Martín y Belgrano pasó a la historia como el abrazo de Yatasto, no es menos cierto que, en realidad, tuvo lugar al norte de la Posta de Algarrobos”. Según Lauría, en 1814 la Posta de Yatasto estaba abandonada. |
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La tradición aseguraba que el encuentro había tenido lugar en Yatasto, y en 1875 Bartolomé Mitre no dudó legitimar la versión: “Se dieron por la primera vez en Yatasto el abrazo histórico de hermanos de armas”. También lo hizo el pintor Augusto Ballerini, en el mismo año, con su óleo sobre tela “Encuentro de San Martín y Belgrano en la Posta de Yatasto”.
En 1941, la posta fue declarada Monumento Histórico Nacional. Y en la puerta de la casa, parte de la cual aún se conserva, una plaza reza: “San Martín y Belgrano se encontraron por primera vez en esta casa, en enero de 1814, concordando, el genio militar y la abnegación, el verbo de la emancipación americana".
En 1950, el historiador Alfredo Gargaro comenzó un estudio --completado en 1973 por Julio Arturo Benencia-- que echó dudas sobre la afirmación de Mitre.
En la época de San Martín, los cocheros firmaban recibo por los caballos de refresco que recibía en cada posta. Los recibos guardados por los posaderos de Yatasto y Algarrobo, unidos a un análisis de cartas de ambos héroes y el cálculo de fechas, distancias y velocidades de traslado, permitieron a Gargaro y Benencia trazar el itinerario de San Martín y Belgrano. Concluyeron entonces que el encuentro de ambos no pudo haber ocurrido en Yatasto sino al norte a la Posta de Algarrobos, a 14 leguas de Yatasto.
Sin embargo, no hay unidad de criterio en la bibliografía. Numerosos trabajos posteriores a 1973 siguen hablando del abrazo de Yatasto, sin mencionar las investigaciones de Gargaro y Benencia. Una reciente obra del Instituto Nacional Sanmartiniano habla del “probable encuentro de San Martín y Belgrano en Yatasto”.
En Diario íntimo de San Martín, la referencia al abrazo de ambos héroes es incidental: ocupa medio renglón. Si allí se hubiese empleado la frase “el abrazo de Algarrobos”, casi nadie habría entendido; y el diario no lleva notas a pie de página, para aclarar situaciones de este tipo.
Por otra parte, lejos de estar abandonada, Yatasto era la más importante de las postas existentes entre Tucumán y Salta, en el camino real al Alto Perú. Sin duda, más trascendente que la de Algarrobos.
Se la había restaurado en 1784, y tuvo mucho valor durante la guerra de independencia.
El dueño, Vicente Toledo y Pimentel, contribuyó con 1.300 caballos al Ejército Auxiliar del Norte, cuando éste se hallaba al mando de Antonio González Balcarce.
En la posta se instaló, en 1812, Juan Martín de Pueyrredón, tras la retirada del Alto Perú.
En ella, Pueyrredón le entregó el mando a Belgrano.
Y en ella durmió el propio San Martín, antes de reunirse con Belgrano.
La posta estaba en las proximidades del río Yatasto.
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Christian Lauria |
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En la página 172 se dice que “La Representación de los Hacendados era un libro de 1809”. ¿No debería decir que era un documento de 1809? Se trata de “la presentación que Mariano Moreno hizo como letrado patrocinante de hacendados y labradores y, aunque se haya publicado, reviste el carácter de una obra literaria sino de un documento judicial”.
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“Obra literaria” no fue; pero un libro puede contener una obra científica, un ensayo o el resultado de una investigación. También un alegato como el de Moreno. En definitiva, el libro no es otra cosa que un texto, impreso y encuadernado, del cual se hacen varias copias para que su contenido llegue a gran cantidad de personas. La “Representación que el Apoderado de los Hacendados de las Campañas del Río de la Plata” hizo al Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros fue impresa por la Imprenta de los Niños Expósitos en 1810. Este documento ha sido reeditado en forma de libro varias veces (ver Emecé, Buenos Aires, 1998). De todas maneras, para despejar toda duda, en una próxima edición del Diario Íntimo de San Martín sustituiremos “un libro de 1809” por “un escrito de 1809”. |
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Liliana Inés Esteban |
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¿Rivadavia no colaboraba por un interés mezquino?
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Es posible que, en alguna medida, Rivadavia obrase con mezquindad.
Es seguro, por otra parte, que lo movía cierto rencor. Él sentía que San Martín era un “traidor”. Nunca le perdonó lo que hizo en 1812 junto con otros miembros de la Logia Lautaro.
San Martín había llegado un lunes (el 9 de marzo de 1812), en la fragata George Canning. Siete días después (el lunes 16), ya era Teniente Coronel del Ejército de las Provincias Unidas, y comandante del escuadrón de Granaderos a Caballo. Fue Rivadavia, Secretario de Guerra del primer Triunvirato quien, en una semana, le concedió el mismo grado que tenía en España y creó ese escuadrón para que tuviera mando.
Por entonces Rivadavia no era sólo el Secretario de Guerra.
Era el hombre que manejaba los hilos de la política en el Plata.
Por su iniciativa, el Triunvirato se había declarado libre de adoptar cuantas medidas estimara “necesarias para la defensa y salvación de la Patria”.
San Martín fue, al llegar al Río de la Plata, beneficiario de tal discrecionalidad. Pronto, sin embargo, advirtió que los poderes extraordinarios no se usaban a favor de la Revolución. Él creía que las Provincias Unidas debían declarar cuanto antes su independencia, votar una constitución y acudir a la liberación de otros pueblos en Sud-América.
Rivadavia no compartía tales criterios:
• Demoraba la declaración de la independencia.
• Ponía obstáculos a la realización de un congreso constituyente.
• Había ordenado a Belgrano, jefe del Ejército del Norte, que se olvidara del Alto Perú y abandonara la defensa de Salta, replegándose a Córdoba: una orden que, sabio, Belgrano desobedeció.
• Había entregado, mediante un opinable armisticio con portugueses y realistas, la Banda Oriental, Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay.
Seis meses y 23 días después de que el Triunvirato lo hiciera Teniente Coronel y le creara un escuadrón especial, San Martín se alzó para derrocar a aquel Gobierno. Apareció con los granaderos en la Plaza de la Victoria y exigió la renuncia de los triunviros.
Era natural que Rivadavia lo considerase un ingrato.
San Martín, a su vez, sentía que él y los otros sublevados –Carlos María de Alvear, Bernardo de Monteagudo-- tenían razones superiores para remover a un gobierno que entorpecía la Revolución.
El nuevo Triunvirato convocó a la Asamblea que, en 1813, allanó el camino a la independencia, otorgando a las Provincias Unidas moneda propia, himno y escudo.
Aquella Asamblea también creó, a la medida de San Martín, la Provincia de Cuyo. Él sabía que “la ciudad de Mendoza era indudablemente la más indicada” a fin de prepararse para cruzar los Andes, derrotar a los españoles en Chile y proseguir al Perú.
Convertido en gobernador de Cuyo, presionó desde allí hasta obtener la declaración formal de la independencia, que logró, al fin, hace siete años y medio. Poco después, su Ejército de los Andes inició desde Mendoza la marcha que lo llevaría a Lima.
Rivadavia nunca creyó que la suerte de las Provincias Unidas se decidiera en el Perú.
Él no justifica que –para llevar a cabo su Plan Continental– San Martín hubiese desobedecido, reiteradamente, la orden de volver a las Provincias Unidas con su Ejército de los Andes.
Dos Directores Supremos, Juan Martín de Pueyrredón y Rondeau, lo llamaron para que viniera a luchar contra José Gervasio de Artigas y los caudillos del litoral. San Martín se negó, repitiendo que su espada jamás derramaría sangre de hermanos.
Rivadavia creía que era una excusa. Según pensaba, a San Martín jamás le habían interesado las Provincias Unidas. Ni Chile. Su obsesión era el Perú, porque (supuestamente) se veía a sí mismo como un Inca criollo.
Más allá de enconos y rivalidades, había entre ambos hombres una genuina diferencia de criterios. San Martín creía que la independencia de Sudamérica –las Provincias Unidas incluidas-- no estaría firme mientras Perú no fuera independiente. Rivadavia creía, a la inversa, que la suerte de Buenos Aires no estaba ligada a lo que ocurriera en Lima.
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Liliana Inés Esteban |
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¿Qué pasó en verdad en Guayaquil?
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San Martín fue a reclamar “auxilios para terminar la guerra del Perú”.
Él se sentía acreedor de tales auxilios, a los cuales concebía como una “justa retribución” de la generosa ayuda que había prestado “para libertar el territorio colombiano”.
Los granaderos de San Martín, encabezados por Lavalle, habían tenido parte principal en los triunfos de Pichincha y Riobamba, por los cuales las provincias de la Real Audiencia de Quito pasaron a manos de los patriotas.
El Ejército de Bolívar, después de aquello, no tenía misión más trascendente que concurrir a consagrar, en el Perú, la independencia definitiva de toda Sud-América.
Sin embargo, Bolívar le dijo que “sólo podía desprenderse de tres batallones, que representan en total 1.070 hombres”.
San Martín pensó entonces que debía hacer “el último sacrificio en beneficio de la Revolución”, que consistía en donarle toda gloria a Bolívar.
Antes de zarpar para Guayaquil, él había convocado a un Congreso, que debía reunirse en agosto. Cuando supo que, para asegurar la libertad del Perú, no tendría más refuerzo que esos 1.070 hombres, San Martín notificó al Libertador de Colombia que, el día de la instalación del Congreso, sería “el último” de su “permanencia en el Perú”.
A continuación, le dijo: “Ahora le queda a usted, General, un nuevo campo de gloria en el que poner el último sello a la libertad de América”.
En definitiva, lo que se discutió en Guayaquil fue cuál de los dos jefes comandaría las fuerzas unificadas en la etapa final de la Guerra de la Independencia.
No podían ser ambos.
Como dice el General, los dos “no cabían” en América.
Bolívar era, para entonces, más fuerte. San Martín no tenía el apoyo de Buenos Aires; O´Higgins –a quien lo acosaba la crisis financiera, agravada por el terremoto—estaba perdiendo el control de Chile; y medio Perú se hallaba ocupado por los realistas.
San Martín cedió porque debía ceder.
No obstante, dudaba. No estaba seguro de la voluntad y la fuerza que Bolívar tendría para concluir la guerra.
Las dudas persistían en 1824, y ese fue el motivo de su viaje a Inglaterra, que es el objeto del libro.
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Christian Lauría |
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El libro dice que San Martín mandó a levantar su chacra de Los Barriales sobre parte las 250 “cuadras de tierra” que el Gobernador de Cuyo, “compadre y amigo”, les otorgó a él y su hija: 50 cuadras al propio San Martín, que las había solicitado, y 200 a Mercedes, “porque el Gobernador así lo quiso”.
El lector supone que el texto debería decir "porque el Libertador así lo quiso", ya que, piensa, “fue el propio San Martín quien, al recibir las 250 cuadras de Los Barriales, las rechazó y sólo acepto 50. Las 200 restantes pasaron a nombre de su hija Mercedes”.
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No es exactamente así. Lo demuestra la respuesta que Luzuriaga dirigió a San Martín, cuando éste solicitó las 50 cuadras:
“Después de haber enriquecido V.S. los anales de la historia de nuestra América con la gloria de su conducta y talentos militares, quiere buscar el descanso de sus heroicas y penosas tareas en el cultivo de los campos, constituyéndose en labrador apacible.
Al efecto pretende V.S., por su oficio del 12 del presente, la merced de 50 cuadras de tierra en el paraje de Los Barriales, a cuyo adelantamiento V.S. ha preferido con sus acertadas providencias, convirtiendo en fértiles y productivos aquellos terrenos áridos e infructíferos.
Este proyecto no ha podido menos que mirar con asombro tan moderada resolución. En consecuencia, previas las formalidades del caso, accede a la gracia y merced que usted solicita, y añade la de 200 cuadras más para su señora hija doña Tomasa Mercedes”.
Es cierto que San Martín, en nombre de su hija recién nacida, quiso ceder las 200 cuadras “a los beneméritos cuyos nombres ilustres, yo o el General que me sucediere, comunicará oportunamente”. Lo hizo pensando en la recompensa que merecerían los oficiales que se destacaran en la inminente Expedición Libertadora.
Este pedido fue rechazado mediante un dictamen del asesor del Gobernador, Gregorio Ortiz, sobre el cual se basó Luzuriaga para ratificar la adjudicación de las 200 hectáreas a la hija de San Martín. Días después, se procedió a extender el título a favor de ella.
Aun así, el General insistió que se reservara tales tierras para los héroes de la futura campaña. Ortiz observó que no parecía “regular” que San Martín declinara una donación hecha a su hija “en señal de agradecimiento a los distinguidos servicios de su señor padre”, y que en cambio propusiera premiar a “otros individuos” por los méritos que pudieran contraer. Observó, además, que Luzuriaga podía reservar “otra porción de cuadras” para retribuir a los beneméritos del Ejército. “El Gobierno debe amparar a doña Tomasa en el derecho de su propiedad”, consideró Ortiz, por lo cual sostuvo que era “inadmisible” la cesión requerida por San Martín, así esta obedeciera a “la generosidad, pureza, loable fin y delicadeza del señor General”. |
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Christian Lauría |
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En la página se dice: " Ya la América precolombina se recostaba sobre el Pacífico", y apenas iniciada la página 44 se ratifica: "Alli florecieron las grandes civilizaciones azteca, maya e inca". En realidad la única de las tres que estuvo recostada sobre el Pacífico fue la inca, y relativamente, ya que esta civilización puede considerarse más andina que marina. Por lo que respecta a las otras, la azteca sólo alcanzó el dominio mediterráneo sobre la meseta mexicana, mientras que la maya se recostó sobre el Mar Caribe, sin distinguirse tampoco por sus dotes marineras. |
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Tiene razón el lector, a quien el autor le agradece su colaboración. Ella enriquece, sin duda, este espacio .
No obstante, al hablar de una América “recostada sobre el Pacífico”, el libro no sugiere que los incas (y luego los peruanos independientes) fueran “marinos”. La referencia tiene por objeto destacar que el corazón de América no estaba en el occidente, sino en el oriente de estas tierras. Nótese que el argumento se hace para criticar la “miopía porteña”, que impedía ver hasta qué punto la independencia argentina dependía de que se consolidara la peruana. Antes de iniciar la gesta libertadora, Guido pronuncia aquella frase dramática: “Debemos caer sobre Lima con todas nuestras fuerzas, aunque el Infierno ataque a Buenos Aires”; y en 1824 recuerda: “En el Perú está nuestra seguridad y salvación, o nuestra ruina infalible”. Es como si les hubiese dicho a las autoridades de Buenos Aires: “No adopten un criterio parroquial, ni miren hacia el Atlántico. Vuelvan la vista hacia el interior de las Provincias Unidas y vayan con la mirada más allá. Crucen con la imaginación los Andes, como en los hecho los cruzó San Martín. Piensen en aquel Pacífico que el surcó para con sus once naves para desembarcar en la Bahía de Paracas. El destino de América está al otro lado” |
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Aníbal Alvarez |
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En su momento, en la página web de la Biblioteca Nacional del Perú había una frase que me impactó: "Libro, esencia del hombre libre”, y tenía la firma de Don Jose de San Martin. ¿Cuál es el origen de esa fabulosa frase? Por más que consulté a la Biblioteca, jamás me respondieron. Pregunté en muchos lugares y nada. |
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No se indicaba el origen de la cita, y al rediseñarse la página, fue removida.
Sin embargo, San Martín tuvo, en ocasiones bien documentadas, frases semejantes.
Cuando fundó la propia Biblioteca Nacional del Perú, el 28 de agosto de 1821, sostuvo que los libros se destinan “a la ilustración universal, que es más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia”.
Como él solía repetir, los días de fundación de escuelas o bibliotecas eran “tan felices para los amantes de la libertad como tristes para los tiranos”.
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Anónimo |
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El libro dice que San Martín tenía buena impresión de Ruiz Huidobro. ¿Se trataron personalmente? ¿Cuándo y dónde? |
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En 1812, en Buenos Aires.
Ruiz Huidobro era mal visto por el Primer Triunvirato, que lo perseguía. A juicio de San Martín, el país naciente no podía acosar a quienes –habiendo sido parte del gobierno virreinal-- estaban sumados a la Revolución. Pero Bernardino Rivadavia tenía en cuenta hechos que lo hacían desconfiar del personaje:
- Durante la asonada de Martín de Álzaga (1809), cuando el jefe rebelde exigió la renuncia del Virrey Santiago de Liniers, éste condicionó tal renuncia a que su sucesor fuera Ruiz Huidobro.
- Durante la Revolución de Mayo Cornelio Saavedra debió proponer la formación de una Junta de Gobierno para frustrar una maniobra de Ruiz Huidobro, quien aspiraba a ser nombrado Virrey provisional.
Fue por los hechos de 1809 que el Primer Triunvirato lo sometió a investigación.
Desplazado el Primer Triunvirato por la Logia Lautaro, el Segundo Triunvirato no sólo cesó la persecución contra Ruiz Huidobro sino que lo designó representante de las Provincias Unidas ante el gobierno de Chile, donde regía entonces la “patria vieja”.
En viaje hacia su destino, Ruiz Huidobro (de 60 años) murió en Mendoza, en marzo de 1813.
San Martín no llegó a Cuyo sino en 1814, para hacerse cargo de la Gobernación. Se encontró allí con la viuda de Ruiz Huidobro, María Josefa de los Ríos, quien se había radicado en la ciudad.
María Josefa trabó amistad con Remedios de Escalada. |
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Mario Cuestas |
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En la página 28 del libro habla sobre criterios negativos de Rivadavia. Entre ellos el de la entrega de la Banda Oriental, pero, ¿eso no ocurrió en 1827 ó 28? Estamos hablando de 1824. |
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Muchas gracias por la observación, la cual me permite aclarar un párrafo que pudo haber quedado oscuro.
En realidad, no estamos hablando de 1824 sino de 1811. Lo que se hace en la página 28 es explicar por qué San Martín se volvió en contra del Primer Triunvirato, detrás del cual operaba Rivadavia.
Se dice entonces que el Triunvirato “había entregado, mediante un opinable armisticio con portugueses y realistas, la Banda Oriental, Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay”.
El armisticio al que se refiere el libro es el del 20 de octubre de 1811.
Los portugueses apoyaban al autoproclamado Virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, establecido en Montevideo. Buenos Aires había sitiado Montevideo pero, ante un avance portugués, Rivadavia impulsó la firma de aquel armisticio, por el cual tanto los criollos como los portugueses se retiraron de la Banda Oriental... dejándola en manos de los españoles, al igual que las poblaciones entrerrianas mencionadas.
El lector se refiere a un hecho posterior.
En 1821 los portugueses derrotaron a José Gervasio de Artigas en Tacuarembó y anexaron la Banda Oriental al Brasil.
Como consecuencia, se produjo la Guerra del Brasil.
En 1825, con apoyo argentino, los Treinta y Tres Orientales, bajo el mando de Juan Antonio Lavalleja, entran a la Banda Oriental. Un congreso declaró en Florida la voluntad oriental de integrar las Provincias Unidas del Río de la Plata.
En 1827, argentinos y orientales se impusieron a Brasil en Ituzaingó, pero Manuel José García, enviado por Rivadavia a negociar la paz, firmó un tratado por el que se le cedía la Banda Oriental al Brasil. Esto provocó indignación en Buenos Aires y la caída de Rivadavia. Su sucesor, Manuel Dorrego renegoció el tratado pero sólo pudo obtener que, en vez de ser brasileña, la Banda Oriental fuera independiente. Así nació la República Oriental del Uruguay. |
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